La economía es casi tan antigua como el ser humano. Entre el nacimiento del trueque y la explosión del comercio online han pasado miles de años. Y por el camino se han producido infinidad de historias que queremos contar en elEconomista porque nos ayudan a comprender cómo hemos llegado hasta aquí.
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El origen de la Super Bowl: el deporte hecho negocio
El próximo domingo, 13 de febrero, de madrugada ya en España, se celebra la Superbowl, la gran final del fútbol americano, el gran evento deportivo del año en Estados Unidos, el partido capaz de paralizar el país como ningún otro. Desde Europa, y sobre todo desde aquí, cuesta comprender la magnitud de este acontecimiento, protagonizado por un deporte que es el rey entre los estadounidenses, que incluso es parte de la identidad de sus ciudadanos, pero que aquí tiene un seguimiento muy marginal.Todas las cifras que rodean a este evento son apabullantes. Por ejemplo en esta edición, la XVI (56), las entradas se han convertido en las más caras de la historia. Las más baratas superan los 5.000 dólares en reventa, en los confines del estadio, según cálculos de StubHub, mientras que el precio medio es de más de 9.000 dólares. Pero las mejores localidades, muchas aún disponibles, puede superar los 25.000 dólares. Y todo esto sin contar el aparcamiento, que va a parte, y no son pocos dólares. Y se venderán todas, como cada año. Solo en la edición original y en la del año pasado, marcado por las restricciones por la Covid, no se llenó el estadio.En el récord de esta edición influyen muchas cosas, como el hecho de que la final se dispute en Los Ángeles, la capital mundial del entretenimiento, donde todo es mucho más caro. Y hacía más de 40 años que no se celebraba allí la gran final. Además, es la sede de los Rams, uno de los equipos finalistas, lo que permite a la mitad de los asistentes ahorrarse el transporte. También hay que tener en cuenta que el otro equipo, los Cincinati Bengals, nunca han ganado el trofeo, por lo que sus aficionados muestran mucho mayor entusiasmo ante una oportunidad así.Y esto es solo una parte. La audiencia de televisión será millonaria. Más de 100 millones de espectadores en Estados Unidos van a seguir el partido. Súmale otros 50, 60 o 70 millones más en los otros 200 países en los que se emite. En este sentido, merece la pena destacar que la NFL, la organización detrás de la competición, vendió en 2021 sus derechos de televisión por más de 110.000 millones de dólares para los próximos 11 años. Unas cifras que, por ejemplo, triplican las conseguidas por la Premier League, la competición de fútbol que mejores resultados cosecha en este aspecto.Para mantener estas audiencias en todo momento, cuidan todos los detalles. Y así nació uno de los aspectos más famosos del evento: los espectáculos del descanso. En las primeras ediciones, en el entretiempo, bandas musicales universitarias amenizaban esos minutos. Pero pronto empezaron a incluir a artistas consagrados. Ahora, para los cantantes, participar en el espectáculo del descanso de la Super Bowl supone un gran reconocimiento. Por ese escenario han pasado grandes estrellas como Sting, los Rolling, Paul McCartney, Beyonce, Shakira, Janet Jackson en una polémica intervención, Lady Gaga, Enrique Iglesias... Este año el gran protagonista será el rapero Eminem.Pero estas audiencias millonarias suman un valor económico adicional: la publicidad. Los anuncios que se emiten antes, durante y después del partido son los más caros. El año pasado, cada 30 segundos tenían un coste para las marcas de más de 5 millones de dólares. Los dos más largos, uno de Alexa y otro de Google, que duraron 90 segundos, costaron casi 17 millones cada uno. En conjunto, sumaron casi 680 millones de dólares. Y este año serán más caros, porque el precio no ha dejado de subir cada edición, salvo durante la crisis de 2008.Si a esto le sumamos las apuestas, tanto las que se realizan online, las presenciales o las más informales, que son la otra gran pata del evento a nivel de ingresos, podemos hablar de un partido que mueve más de 5.000 millones de dólares.Y esto es solo lo que pasa en el campo. Para un evento tan importante, conocido como el Super Sunday y considerado una especie de día festivo oficioso, la gente se junta con su familia o con sus amigos para verlo, y compra comida, bebida... el gasto total puede alcanzar los 14.000 millones. Es, de hecho, el día con mayor consumo por parte de los estadounidenses, solo superado por Acción de Gracias.Es un negocio, sin duda, millonario. ¿Pero de dónde surgió? ¿Cómo nació este fenómeno? Tenemos que remontarnos al año 1966. La NFL, la principal competición de fútbol americano, había nacido en 1920, y tuvo que competir con otras ligas por la supremacía. Durante años fue un deporte secundario, tapado por el éxito del baseball, el deporte rey tradicionalmente en todo Estados Unidos. Pero poco a poco el fútbol americano fue ganando popularidad, a tener más seguidores, y surgieron nuevas competiciones. Una de ellas es la AFL, fundada en 1960 por Lamar Hunt, propietario de los Kansas City Chiefs, cansado de que la NFL vetara su entrada en su competición recurrentemente.La rivalidad entre ambos campeonatos provocó que en junio de aquel 1966 ambos torneos llegaran a un acuerdo para que sus ganadores se enfrentaran entre ellos, para dirimir quién era el verdadero campeón mundial. Tan pretencioso como acertado.Aquel primer partido se disputó el 15 de enero de 1967, curiosamente también en Los Ángeles, entre los Chiefs y los Green Bay Packers, que acabaron ganando. Hunt fue también el encargado de bautizar el encuentro como la Super Bowl, para diferenciarlo de los distintos bowls que se celebraban, que son partidos que enfrentan a dos equipos de fútbol americano por un trofeo. Cuenta la leyenda que se basó en una pelota rebotadora de su hijo, que se llamaba Super Ball.Históricamente, el partido se celebraba el último fin de semana de enero, aunque desde 2004 se tomó la decisión de moverlo a febrero. El frío propio de estas fechas ha provocado que la mayoría de partidos se hayan jugado en estados del sur, con Miami como principal sede. Aunque con la aparición de los estadios cubiertos esto está empezando a corregirse.Con el evento ya consolidado, en 1970 se produjo la absorción de la AFL por parte de la NFL, que pasaban a ser dos conferencias diferentes de un mismo torneo, y que es el formato que se ha mantenido hasta nuestros días. Además, el trofeo que se entregaba a los campeones recibió un nuevo nombre, el Vince Lombardi, en homenaje a un entrenador que había fallecido ese mismo año. Hasta entonces se le conocía, simplemente, como el Campeonato del Mundo.El trofeo fue diseñado por la joyería Tiffany, es de plata de ley, pesa más de 3 kilos, y tiene un valor de unos 25.000 dólares. Se fabrica de forma artesanal, y lleva más de 4 meses construirlo. Se entrega en propiedad al equipo ganador, a diferencia de otros trofeos que entregan una réplica.Además, cada jugador del equipo ganador recibe un anillo de campeón, una americanada que se empezó a entregarse a los ganadores de las Series Mundiales de baseball en los años 20, y que después fue adoptado por la mayoría de campeonatos estaduonidenses. Suelen estár hechos de oro blanco y diamantes, y cuestan unos 5.000 dólares. Muchos son los deportistas que, con sus finanzas mal gestionadas, se han visto obligados a malvender sus piezas para sobrevivir. La mayoría han sido diseñados y fabricados por una joyería de Minnesotta que hoy es propiedad de Platinum Equity, aunque también ha habido ediciones de Tiffany o de Balfour. No es lo único que reciben los jugadores campeones. También se llevan un premio por cabeza de más de 120.000 dólares, independiente de su salario millonario. Es una muestra más de la evolución y el éxito del torneo, ya que en la primera edición el premio de todo el equipo ganador no alcanzó los 15.000 dólares.Una curiosidad económica. Históricamente, la Super Bowl ha permitido adivinar el rumbo de los índices bursátiles, con un acierto del 80%. Y el funcionamiento de esta bola de cristal es sencillo. Si gana el equipo que representa a la Conferencia Nacional, en este caso los Rams, el Dow Jones subirá este año. Si, por contra, vence el equipo de la Conferencia Americana, esta edición los Bengals, las bolsas se teñirán de rojo.No es la única relación entre la Super Bowl y los mercados bursátiles. Otra clave incluye el número de tantos marcados. Durante los últimos 53 años, la puntuación final media de cada Super Bowl ha sido de 46 puntos. Cuando los equipos de la final anotan al menos dicha cifra, el mercado de valores suele subir un 15,8%, pero si no se alcanza la meta, el rendimiento es de solo el 7,3%, según datos calculados por Standard&Poors durante los últimos 28 años.El deporte rey estadounidense ya no es solo un entretenimiento, se ha convertido en un auténtico fenómeno económico.
La gripe equina que hundió la economía de EEUU
La Covid no ha sido el primer virus capaz de lograr paralizar la economía de Estados Unidos. Ni el primero en provocar una gran crisis mundial. Ese "honor" corresponde a la gripe equina, una enfermedad que ni siquiera afectó a los humanos directamente, pero que tuvo consecuencias trágicas para la actividad de todo el país, allá por 1872.En aquella época, en Estados Unidos vivían 39 millones de personas, mientras que el número de caballos superaba los 7 millones, a los que hay que sumar más de un millón de mulas. En total, más de 8 millones de equinos. Que además jugaban un papel fundamental, tanto para el transporte, para la economía... para la vida. Se puede decir que eran, literalmente, el motor del país.Ese año, en Canadá, a las afueras de Toronto, se reporta un brote que afecta a los caballos. En solo unos días la mayoría de los animales de la ciudad, como los que se utilizaban para mover el tranvía y que dormían juntos, o los que se resguardaban en establos libres, abarrotados, estaban contagiados. Los síntomas de gripe eran inconfundibles: tos áspera, fiebre, orejas caídas... casi no podían ni sostenerse en pie, y muchos acababan cayéndose, agotados. Muchos morían.En Estados Unidos se preocupan, pero en aquella época la información no viaja tan rápido y las decisiones no se pueden tomar con la misma celeridad. Cuando deciden cerrar la frontera a los caballos canadienses ya es tarde. El virus ya ha cruzado, y ya se detectan casos en las ciudades más al norte, como Detroit o Boston. Ojo, lo del virus lo sabemos ahora. Entonces aún estaban a 20 años de que los científicos identificasen el primer virus. No estaba muy claro cómo se contagiaba ni qué se podía hacer para evitarlo. Los propietarios de los caballos no sabían qué hacer. Desinfectaron los establos, les pusieron mantas nuevas... Con un conocimiento veterinario aún muy primitivo, muchos recurrían a compuestos controvertidos como la ginebra con jenjibre. Por supuesto, también hubo quién recurrió a la fé para tratar de frenar el virus.Evidentemente, estos remedios no funcionaron. En días, todos los caballos del este del país estaban contagiados. Una noticia del New York Times de la época señala, por ejemplo, que el 95% de los caballos de Rochester estaban contagiados. En diciembre, los equinos del Golfo de México eran los afectados. A principios de 1873, se detectan brotes en la costa oeste. En cuestión de semanas todo el país se había visto afectado.Y no se trataba de un problema de bienestar animal, una preocupación que entonces daba sus primeros pasos, sino económico, vital.Hay que tener en cuenta que en aquel momento los caballos y las mulas eran claves para el funcionamiento del país. La mayor parte del comercio y del transporte urbano dependía de las mulas. En Nueva York llegó un momento en el que se paralizaron todos los viajes. Los tranvías no funcionaban. También afectó al transporte de mercancías, por supuesto. Los barcos y los ferrocarriles dejaron de funcionar porque el carbón que alimentaba sus calderas no podía llegar hasta el puerto. Y por si fuera poco, no podía seguir sacándose carbón de las minas porque, efectivamente, también dependía de los caballos. Las cosechas no podían llevarse a los mercados. Muchos productos perecederos se pudrían en los puestos, ya que nadie podía ir a recogerlos. Los bares se quedaron sin cerveza. Los carteros no podían repartir la correspondencia. Algunos comerciantes, asustados, llegaron a contratar a gente para tirar de los carros. Como también afectó al transporte de pasajeros, había bodas y funerales, los grandes eventos del momento, a los que asistía mucha menos gente, que no podía llegar.Uno de los sucesos más terribles se produjo en Boston, cuando un incendio arrasó parte del centro de la ciudad, debido a que los bomberos no pudieron llegar a tiempo para extinguirlo, al tener que ir andando.¡Hasta el Ejército se vio afectado! Envueltos en varias guerras contra los indios por todo el país, contra los apaches, los comanches, cheyenne, los Sioux... no pudieron contar con el apollo de la caballería. Tuvo que ser la infantería, a pie, la que durante semanas tuvo que pelear en solitario.En fin, toda la vida fue interrumpida. En la fase más grave de la pandemia muchos estadounidenses llegaron a preguntarse si el mundo volvería a ser como antes alguna vez. Un periódico de Boston, tal y como recoge Smithsonian Magazine, destacaba que el virus reveló a todos que los caballos no eran solo propiedad privada, sino ruedas en la gran maquinaria social, cuya interrupción significa un daño generalizado para todas las clases y condiciones en las personas.Pero la enfermedad fue perdiendo fuerza. El temor a una hambruna de carbón, como se le denominó entonces, no llegó a concretarse, más allá de una subida del precio de los combustibles por el miedo a esa posible falta de abastecimiento. Las ciudades fueron recuperándose poco a poco. En la primavera de 1873 los equinos ya se habían recuperado y vuelto al trabajo, y la normalidad era casi absoluta. Se calcula que entre el 1% y el 2% de los caballos fallecieron.Todo lo ocurrido durante aquellos meses tuvo dos consecuencias clave. Por un lado, supuso un impulso para la causa animalista. Fueron muchos los que se replantearon entonces el trato que se daba a los caballos, que definieron como propio de la edad media. Por otro lado, muchos consideran que esta pandemia fue una de las causas que contribuyeron a provocar la crisis de septiembre de 1873, considerada la primera depresión económica global.
Monopoly, el juego que nació como una crítica al capitalismo
El Monopoly, ese juego de mesa que tanta gente tiene en su casa, es una auténtica oda al capitalismo. Cada jugador compite por ser el más rico, pero sobre todo, por arruinar a todos los demás. Se compran calles, casas, hoteles, la compañía del agua y de la luz, estaciones de tren, lo peor que te puede pasar es pagar impuestos... y hasta puedes llegar a librarte de la cárcel si pagas.El juego, quizá el más vendido de la historia, fue creado por Charles Darrow, un vendedor de calefactores domésticos que estaba en paro por culpa de la Gran Depresión. Lo fabricaba artesanalmente en su casa, con la ayuda de su mujer y su hijo, con trozos de hule y cartulina. Esas primeras versiones tuvieron tanto éxito que tuvo que encargar la producción a una imprenta de Pensilvania, ya con su clásico tablero de cartón. Patentó la idea en 1935. Y ese mismo año, tras varios intentos, le vendió los derechos a la juguetera Parker Brothers, ahora propiedad de Hasbro.Dice el Libro Guiness de los Récords que más de 500 millones de personas han jugado al Monopoly en el mundo. Y Darrow, efectivamente, acabó haciéndose inmensamente rico. Un trabajador en paro que se hace millonario, una historia de superación perfecta como epílogo para hablar de capitalismo.Si no fuera porque en realidad el Monopoly está inspirado, o copiado, de 'El juego del terrateniente', creado y patentado por Elisabeth Maggie más de 30 años antes. Y el espíritu de aquel juego era todo lo contrario.Lizzie Maggie era inventora, poeta, feminista y muy de izquierdas, y en 1903 lanza 'The Landords Game'. Su objetivo era mostrar los peligros de acumular grandes sumas de dinero a expensas de los demás, los problemas que generaba la desigualdad de ingresos. Para ello, el juego consistía en un tablero con un circuito, algo muy novedoso para la época, lleno de calles a la venta, y desarrolló dos reglamentos, uno anti-monopolios, y el otro monopolista. Con el primero, cada vez que un jugador compraba una de esas calles tenía que pagar impuestos, y ese dinero se repartía entre el resto de jugadores. Y el juego se acababa cuando el jugador que había empezado con menos dinero lograba duplicarlo. ¡Todos ganaban!Con el segundo reglamento, el monopolista, los jugadores debían comprar propiedades y cobrarles a todos los que caían en ellas, y el ganador era el que lograba arruinar al resto de jugadores. Sí, este reglamento coincide con el del Monopoly. El objetivo, explicaba la propia Maggie, era que los jugadores vivieran en sus propias carnes una demostración práctica del sistema de acaparamiento de tierras, así como sus resultados y consecuencias. Y que comprendieran las consecuencias que podía provocar los diferentes planteamientos de la propiedad. Hay que tener en cuenta que hablamos de la época gloriosa de los monopolios del ferrocarril, el acero o el petróleo. En este sentido, en una entrevista, la propia Maggie mostró su deseo de que "en poco tiempo, los hombres y las mujeres descubrieran que son pobres porque Carnegie y Rockefeller, tal vez, tienen más de lo que saben qué hacer con él".Con el juego, Maggie en realidad trataba de reflejar y difundir las ideas de Henry George, un economista de la época, muy de izquierdas, que conoció a través de un libro que le regaló su padre, también un destacado activista antimonopolios. La base de la teoría de George era la defensa de la importancia de cobrar impuestos, y de reinventir lo recaudado en el bien común.El juego acabó teniendo relativo éxito, sobre todo entre los intelectuales de la Costa Este y de las grandes universidades del país. Tanto que se acabaron haciendo diferentes versiones del mismo. En la década de los 30, Darrow descubrió una de esas versiones en un encuentro con amigos. Le impactó tanto el juego que acabó desarrollando su propia versión, a la que llamó Monopoly, y es la que acabó vendiendo a Parker Brothers.Las versiones de 'El juego del terrateniente' también llegaron a otros países. En España, por ejemplo, tuvo mucho éxito El Palé, con las calles de Madrid. La empresa editora acabó en juicio con los propietarios de los derechos, que se resolvió con la llegada a España del Monopoly original, de mano de Borrás. Detrás llegaron numerosas versiones basadas en las calles de otras ciudades de España, otro basado en todas las ciudades, de la Unión Europea... cualquier país que se precie tiene su propia edición. Y ya hasta hay versiones digitales, online...Hasta Cuba tuvo su propia versión apócrifa, llamada Deuda Eterna, donde los jugadores no hacían de empresarios que buscaban enriquecerse, sino que hacían el papel de gobiernos de países del tercer mundo, cuyo objetivo era derrotar al FMI.Por si fuera poco, y por si Maggie no hubiera tenido suficientes disgustos con lo que ha acabado siendo su obra si hubiera vivido para verlo, han salido versiones de sagas cinematográficas, de empresas... ¡Hasta McDonald's tiene su propio juego! Hoy en día sigue siendo uno de los juegos de mesa más vendidos del mundo. De hecho, durante la pandemia, su compra se disparó. No hay ningún rastro en él de la idea original de Maggie, no tiene ningún espíritu pedagógico, y el ganador es el que logra arruinar a los demás.
El hermano que cambió su mitad de Domino's por un Volkswagen
Tom y James Monaghan no tuvieron una infancia fácil. Nacen en los años 30, y siendo niños, su padre fallece. Su madre no tiene capacidad para hacerse cargo de ellos, así que se ve obligada a dejar a sus hijos en un orfanato católico gestionado por monjas polacas. El verdadero protagonista de la historia es Tom. No es un gran estudiante, pero sí muestra talento para las matemáticas. Cierra su etapa escolar sin pena ni gloria, pero sí despierta en él el deseo de ir a la universidad. Pero en ese momento no se ve aún preparado, así que se alista en el ejercito.En 1960, tras tres años como Marine, regresa a Michigan, con las ideas más claras, y ya con la intención de estudiar Arquitectura. Pero como no tenía suficiente dinero para pagar la carrera, decide montar un negocio que le permita lograr ingresos. Se alía con su hermano, y compran una pequeña pizzería, DomiNicks (los dueños se llamaban Dominic y Nick), que está al lado del campus universitario. Les cuesta 900 dólares. Gestionaban el negocio entre los dos hermanos, a turnos. Y creían que tenían una gran idea entre manos para triunfar: repartir las pizzas a domicilio gratis. Hoy cualquier negocio ofrece llevar su comida a la puerta de tu casa, pero a principios de los 60 esto era todo un descubrimiento. El problema es que no tenían el sistema pulido del todo, y el negocio no acababa de arrancar. James, que aún mantenía su trabajo de cartero, se desanima y decide venderle su mitad del negocio a su hermano. Como no tiene suficiente dinero, Tom le ofrece a cambio el Volkswagen Beetle de segunda mano que utilizaban para los repartos a domicilio. Y quedan en paz. Tom se queda el 100% de la pizzería y James un coche de segunda mano.Ya al frente del negocio en solitario, Tom empieza a tomar decisiones importantes para el negocio. Insiste en los envíos a domicilio, elimina el servicio de atención en las mesas, y suprime todos los platos del menú que no estuvieran relacionados con las pizzas. Se centra al 100% en la elaboración y reparto de las pizzas.Ahí ya el negocio empieza a funcionar, y Tom adquiere otras dos pizzerías más en los alrededores del campus universitario. En ese momento, el dueño original de DomiNick's le pide que deje de usar ese nombre, así que Tom, a partir de un comentario de un repartidor, decide llamar a sus pizzerías Domino's. Y crea un logo que es una ficha de dominó con tres puntos, que representan a los tres locales que en aquel momento tiene la compañía.El negocio empieza a hacerse popular, las ventas son excelentes, así que Tom decide franquiciar sus pizzerías para seguir creciendo. Entre 1965 y 1968 inauguran 8 locales franquiciados, siempre mirando que estuvieran cerca de centros universitarios, una tendencia que ha tratado de mantener hasta nuestros días. En 1970, diez años después de fundar la compañía, ya cuentan con más de 200 establecimientos. En su apuesta constante por la innovación, desarrollan un sistema para hacer las cajas de pizza más rápido y más resistentes, con carton más gordo, que facilita que las pizzas se mantengan calientes más tiempo, no se estropéen con el envío, y además permite apilarlas, permitiendo más repartos en cada viaje. Era el nacimiento del reparto de pizza moderno.Apasionado del marketing, en 1973 lanzan una campaña rompedora: si no te entregan la pizza en media hora, te sale gratis. Fue un éxito publicitario para la marca. Tanto, que se acabó convirtiendo en eslogan de la compañía. La medida se prolongó hasta los 90, cuando fue retirada debido a las múltiples quejas sobre la conducción temeraria de los repartidores para poder cumplir el objetivo.Con sus sitema de entrega optimizado, y con la fama que había ido ganando, las tiendas empiezan a expandirse por todo Estados Unidos. Se reparte el podio del sector con Pizza Hut y Little Caesars Pizza. En 1983 la compañía, con más de 1.000 establecimientos, da el salto al exterior, y abre sus primeras franquicias en el extranjero, en concreto, en Canadá y en Australia. Sería la primera de muchas. En los siguientes años abren locales en Japón, Haiti, República Dominicana, India, Colombia, México... eran imparables.Por aquella época Tom Monaghan ya era inmensamente rico. Tenía barcos, una colección de coches clásicos, incluyendo un Bugatti Royal por el que pagó 8 millones de dólares, un avión, obras de arte... y hasta se compró el equipo de baseball de Detroit, los Tigers, que un año después ganaron las series mundiales. Apasionado de la arquitectura, recordemos que en un principio todo nace para financiar el estudio de esa carrera, es un gran seguidor de Frank Lloyd Wright, construye la sede de Domino's a imagen y semejanza de su obra. También Tom inicia la construcción de una mansión siguiendo el mismo estilo.Pero a finales de la década de los 80 se produce el despertar religioso de Tom Monaghan. Se replantea su estilo de vida, la acumulación de riqueza, el ego... "Me di cuenta de que si el mayor de los pecados es el orgullo, yo era el más pecador del mundo", contó. Paralizó la construcción de su mansión, que hoy sigue a medio construir, vendió el equipo de baseball, precisamente a su rival, el dueño de Little Caesar Pizza, se deshizo de sus barcos, su avión, su coche...Mientras la compañía seguía creciendo a un ritmo increíble, hasta alcanzar los 1.000 establecimientos en el mundo en 1995, Tom seguía planteándose su estilo de vida. Así, en 1998, decide vender la compañía a un fondo de inversión por 1.000 millones de dólares.Desde entonces, dedicó su vida a promover causas católicas, haciendo especial hincapié en los movimientos provida, a los que ha donado millones y millones de dólares. También promueve la asistencia diaria a misa, la confesión y el rezo del rosario. Ha fundado colegios católicos por todo Estados Unidos, y también dos universidades. Hasta cuenta con un fondo de inversión centrado inversiones católicas y labores humanitarias. A sus 84 años, ha donado más de 500 millones a organizaciones católicas, y sigue comprometido a gastar toda su fortuna en estos movimientos.Ya sin Tom, Domino's no dejó de crecer. En 2004 empezó a cotizar en bolsa. Hoy en día cuenta con más de 6.000 pizzerías en Estados Unidos y unas 15.000 en todo el mundo. Da trabajo a casi 300.000 personas. Y es una de las cadenas de franquicias más grandes y más rentables que existen. ¿Y qué fue de James? Después de vender su parte de Domino's a cambio de un Volkswagen Escarabajo, siguió trabajando como cartero durante unos años. En los 70 empezó a trabajar como guardia de seguridad, y después como electricista en un distrito escolar, hasta su jubilación. Falleció en 2020.
Auge y caída de Parmalat, el mayor fraude de Europa
Hubo una época durante el pasado siglo en el que Italia se convirtió en el país más vibrante, lleno de creatividad, innovación, talento, con una industria fuerte, crecimiento económico, grandes empresarios... y lleno de dinero, mucho dinero. En ese contexto es en el que Calisto Tanzi crea Parmalat, una empresa láctea familiar, que con el tiempo acabaría convertida en una poderosa multinacional, y que en 2003 se convirtió en el mayor fraude europeo de la historia. Tanzi falleció el pasado 2 de enero por una infección pulmonar, en Parma. Cumplía arresto domiciliaro, tras ser condenado a 17 años y medio de prisión por falsificar las cuentas de su compañía y hacer que miles de inversores perdieran sus ahorrosEl empresario nació en 1938 cerca de Parma. En 1961 tuvo que dejar la universidad, para hacerse cargo de la empresa familiar, tras la súbita muerte de su padre. Era una pequeña compañía, dedicada a la fabricación de salami y conservas de tomate para la pasta. Tanzi, que tenía tan solo 22 años, decide introducirse en el mercado de la leche pasteurizada, que estaba dando sus primeros pasos. En 1963, funda Dietalat, que luego acabaría transformándose en Parmalat. Tomó dos decisiones al principio que fueron la clave para alcanzar el éxito: por un lado, el proceso de pasteurización. Y por otro, el uso de los envases Tetrapak, de origen sueco, que facilitaban la conservación y transporte del producto. En este sentido, apostó por el reparto puerta a puerta, con camiones que llevaban el logo de la compañía. Su estrategia fue tan acertada que la compañía crecía casi un 50% año tras año.Poco a poco, y sin apenas competencia, conquistaron la península italiana en pocos años. Su ambición era enorme. "Queríamos que Parmalat se convirtiera en la Coca Cola de la leche", contaba Domenico Barili, exdirector general de la compañía y colaborador de Dietalat desde su fundación, en declaraciones recogidas por el estudio 'La leche es blanca pero no transparente', de la Universidad Nacional Autónoma de México.En la década de los 70 dio el siguiente paso: la internacionalización, empezando por Brasil. Fue solo el principio, ya que llegó a tener presencia en 30 países, donde llegó a acumular casi 200 fábricas, y a dar trabajo a 37.000 personas.El siguiente paso tras iniciar la expansión internacional fue el lanzamiento de nuevos productos, como yogures, galletas, snacks y otros relacionados con los desayunos. Estas nuevas líneas, en su momento álgido, llegaron a suponer el 60% de las ventas del grupo. En Estados Unidos llegó a ser el tercer mayor vendedor de galletas. Pero el gran salto de la compañía llegó a finales de los 80, y durante la siguiente década. Empezó a comprar empresas, a crecer, y llegó a luchar con Danone mano a mano por convertirse en la tercera mayor láctea del mundo. Y en esa época Tanzi decidió empezar a introducirse en otros sectores. Por ejemplo, se hizo con un canal de televisión, Odeon, para tratar de luchar contra el magnate Silvio Berlusconi. Una operación con la que perdió más de 40 millones de euros. También compró un equipo de Fórmula 1, creó una agencia de viajes...Pero si algo le dio fama, como a tantos otros millonarios, fue el fútbol. Ahora son los jeques árabes los que compran clubes de fútbol, antes fueron los oligarcas rusos, pero en aquella época, a finales de los 80, los que invertían sin freno eran los empresarios italianos. Tanto dinero movía el Calcio en aquella época que se convirtió, sin duda, en la competición más importante del mundo.Tanzi, que ya estaba en la lista Forbes de millonarios, tenía cierta relación con el mundo del fútbol, pues había sido patrocinador durante dos temporadas del Real Madrid de la 'Quinta del Buitre', en los que invirtió cientos de millones de pesetas. Pero quiso dar un paso más: compró el club de su ciudad, el Parma, que jugaba en divisiones inferiores del fútbol italiano. Invirtió tanto dinero en el club que no solo lo llevó a la Serie A, sino que se acabó convirtiendo en uno de los clubes de referencia en Europa.El Parma no ganó más porque, como decíamos, el fútbol italiano estaba lleno de millonarios. El Milan del propio Berlusconi, la Juventus de la familia Agnelli, el Inter de Massimo Moratti, la Lazio de Cragnotti... Todos, curiosamente, estuvieron relacionados en mayor o menor medida con la corrupción.En su interés por el fútbol y por la expansión internacional también adquirió el Palmeiras brasileño, en el que también hizo grandes inversiones en fichajes, y con el que también ganó varios títulos.Pero contaba Tanzi en uno de los juicios a los que tuvo que asistir que fue el fútbol el causante de todos los males. El que le hizo llevar a la empresa a la ruina.En noviembre de 2003, el grupo Deloitte, auditor de Parmalat, se negó a aprobar las cuentas del primer semestre de la compañía. Una situación sorprendente, porque contaba con una calificación de inversión. En diciembre, todo estalla. Parmalat declara que no puede hacer frente al vencimiento de una emisión de bonos de 150 millones. Un símbolo de la mala situación financiera de la compañía, que tiene una facturación anual de 7.500 millones. Las acciones se hunden un 47%.El 15 de diciembre, Tanzi dimite. Deja la empresa que había creado 40 años antes. Dos días después se descubre el agujero contable de casi 4.000 millones de euros, después de que Bank of America negara que la compañía tuviera una cuenta con 3.950 millones en las Islas Caimán. Tras descubrirles, Parmalat reconoce una deuda de más de 7.000 millones de euros. La Fiscalía inicia una investigación por presunto fraude, y esa misma semana descubre que esos 4.000 millones son solo una parte del problema, que en realidad las cuentas esconden muchas más falsedades. Parmalat decía haber recomprado 3.000 millones de su propia deuda, y resultó ser mentira. La cantidad evaporado ya ascendía a 7.000 millonesEl 22 de diciembre se consuma la caída bursátil. Las acciones de Parmalat ya no valen nada. De 1.800 millones de capitalización a 0, en tan solo un mes. Calisto Tanzi, desaparecido desde que estallara el escándalo, es detenido el 26 de diciembre, acusado de stafa, bancarrota fraudulenta y especulación abusiva. La SEC estadounidense, además, les demanda por haber engañado a los inversores, para que acudieran a una oferta de bonos por 1.500 millones mientras cometía "uno de los mayores y más descarados fraudes corporativos de la historia". La investigación posterior descubriría que, en realidad, el agujero era de 14.000 millones de euros. La compañía, obligada a endeudarse para hacer frente a todas las adquisiciones que había llevado a cabo, llevaba años falsificando sus cuentas, inflando sus ingresos y sus beneficios. Era el mayor fraude perpetrado por una empresa europea en la historia. El escándalo afectó a más de 100.000 inversores de todo el mundo, que habían comprado bonos de la compañía.Día a día, todas las empresas del grupo fueron declarándose en bancarrota y suspendiendo pagos. Incluyendo, claro, el equipo de fútbol, que nunca volvió a levantar cabeza.Para los italianos fue un golpe de realidad durísimo. Una de sus empresas más admiradas, un empresario que de la nada había creado un imperio mundial, resultó ser una estafa, una mentira. Fue un auténtico trauma.El Gobierno italiano tuvo que intervenir para rescatar a Parmalat. Puso al frente de la compañía a Enrico Bondi, conocido como el 'Agente 007', que con su conocimiento, su capacidad para negociar y su cercanía a los políticos logró salvar la empresa. En 2005 volvió a cotizar en bolsa.Con Bondi a los mandos, el grupo fue recuperándose, aunque lejos de lo que un día llegó a ser. Para finales de la década, el grupo estaba saneado. Y en 2011 la compañía vivió un nuevo momento convulso: fue adquirida por la francesa Lactatis, por más de 3.000 millones. Los italianos, que seguían traumatizados por la estafa, consideraron un golpe durísimo que la compañía pasase a manos fransesas.Antes, en 2008, Tanzi fue condenado a 10 años de cárcel por fraude en primera instancia, y en 2011, el Tribunal de apelación de Bolonia le declaró culpable de manipulación del mercado, quiebra fraudulenta y otros cargos, sentenciando una condena de 17 años y 5 meses de prisión. Debido a su estado de salud y su avanzada edad (72 años entonces), se le concedió el arresto domiciliario, que seguía cumpliendo hasta su muerte este año.En su testimonio ante el juez, el empresario Tanzi aseguró también que decenas de políticos italianos habían recibido fondos de la sociedad durante años a cambio de favores a la empresa. El escándalo de Parlamat llegó a salpicar hasta al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.
La campaña contra McDonalds que fracasó porque los estadounidenses no entendían las fracciones
En los años 80, McDonalds no era solo un restaurante, no era solo una cadena de éxito, era casi un símbolo, un emblema de la cultura estadounidense. Un transastlántico que crecía y que se expandía internacionalmente. En aquella época, por ejemplo, es cuando inaugura en España su primer establecimiento. Y a finales de la década, y principios de los 90, es cuando llega a Moscú y Pekín, hechos celebrados casi como conquistas. Y el producto estrella del McDonalds, el icono del icono, era el cuarto de libra. Una hamburguesa, con queso, cuyo nombre hace referencia al peso de la carne, que equivale a unos 114 gramos. Fue creada en 1971, pensada para los consumidores adultos que querían productos un poco más grandes, y se convirtió en un éxito desde el primer momento. Para competir contra el producto estrella de McDonalds, una compañía rival, A&W Restaurants, lanzó 'Third', una hamburguesa de un tercio de libra, por el mismo precio. La idea era fantástica: más carne por el mismo dinero. La campaña de marketing se hacía sola. Y no solo eso, sino que en diferentes catas a ciegas, los consumidores preferían el sabor de este nuevo producto. Acompañaron la campaña con anuncios de radio, e incluso de televisión, para darlo a conocer.Todo era perfecto. Salvo por un problema: los clientes no compraban la hamburguesa de un tercio de libra. ¿Qué estaba pasando? En A&W no entendían cuál era el fallo, así que hicieron de todo. Contrataron a una empresa de investigación de mercado, que hizo más encuestas, más focus gruops, más entrevistas... Y así descubrieron el problema: los estadounidenses no entendían las fracciones. ¡Era un problema matemático!Lo contaba el propierario de la compañía en aquel momento, Alfred Taubman, en uno de los libros que escribió sobre marketing. "La gente se preguntaba por qué debemos pagar lo mismo por un tercio de libra de carne que por un cuarto de libra de carne en McDonalds, nos están cobrando de más". ¡La gente pensaba que un tercio de libra era menos que un cuarto de libra, pues después de todo, tres es menos que cuatro!Las fracciones, hay que recordar, en España empiezan a estudiarse con 9 o 10 años, con las típicas historias de "si tengo una tarta y la parto en cuatro trozos"...Pese a todo, Taubman no rehusaba su responsabilidad, y consideraba que el cliente siempre tiene razón, independientemente de sus habilidades con las matemáticas y con las fracciones.Además, Taubman sacaba una lección de toda aquella experiencia. "A veces, los mensajes que enviamos a los clientes, a través de las campañas de marketing y de ventas, no son tan claros y convincentes como pensamos".Hay que tener en cuenta que en el relato de esta anéctoda Taubman no es imparcial. Era el máximo responsable de la empresa, y este es su punto de vista. Tenemos que creerle cuando dice que su hamburguesa era más sabrosa, o cuando nos cuenta que el problema eran los conocimientos matemáticos. Hasta ahora, A&W había no había prestado atención a esta historia. Ojo, aunque fuera no nos suene mucho su nombre, estamos hablando de una cadena de restaurantes con más de 100 años de historia, que cuenta con más de 500 establecimientos en Estados Unidos, y que requiere de una inversión inicial de más de un millón de dólares en algunos casos para conseguir una franquicia. Pues bien, tras muchos años callando sobre esta anécdota, han decidido contarla y tratar de sacarle provecho. Han lanzado una campaña, en tono humorístico, basada en una hamburguesa de 3/9 de libra, jugando con los problemas de la gente para entender las matemáticas. Si creían que 4 es más que 3, ¡entonces 9 es aún mayor!La compañía, tras una reestructuración en 2011, hoy sigue creciendo y expandiéndose. Y sus campañas alcanzan cierto éxito. En fin, ironías del destino, años después, ya en este siglo, McDonalds lanzó su propia hamburguesa de un tercio de libra, la 'Angus Third Pounder', que ya no está disponible en sus restaurantes.
El negocio de los christmas, el invento de un inglés victoriano con muchos amigos
Ya tenemos encima la Navidad, fecha en la que toca mandar y recibir las tradicionales tarjetas navideñas. Aunque las nuevas tecnologías también han tenido su efecto sobre esta costumbre, y ahora lo que más se estila es mandar un email, ¡o un WhatsApp! Pero, ¿de dónde viene esta tradición? ¿Cómo se expandió? El origen está en la Inglaterra del Siglo XIX, pero, como en tantas otras cosas, fue en Estados Unidos donde realmente explotó el fenómeno.Para comprenderlo hay que presentar la figura Henry Cole, un inventor, diseñador y educador inglés, nacido a comienzos del siglo XIX. Eminente figura, solía mezclarse entre la élite victoriana, pero sus habilidades sociales le granjearon un problema: tenía demasiados amigos.Dada la costumbre de enviar cartas tanto por Navidad como por año nuevo, Sir Cole estaba ansioso, ya que no veía la forma de cumplir con las obligaciones de todo caballero inglés que mereciera tal nombre. En 1843, sir Cole, que pasaría a la historia por ser el fundador del Musier de Victoria y Alberto en Londres, veía presa de la ansiedad como se apilaba la correspondiencia, y debía responder.Ante tan compleja situación, tiró de ingenio: le pidió a un artista amigo suyo, J. C. Horsley, que imprimiera copias de una ilustración suya, de una típica escena familiar navideña, en una pequeña cartulina, con una felicitación genérica: "Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo". Además, incluía una línea en blanco, con un "De:" y un "Para:". Había nacido el famoso christmas.Pero Cole y Horsley no se quedaron ahí. Decidieron que sería una buena idea venderlas, de manera que encargaron 1.000 ejemplares, que vendieron por un chelín cada uno. Tras la idea, nacía el negocio.Aunque con polémica, porque en la ilustración había unos niños que parecía que estaban bebiendo vino, la idea fue ganando seguidores. Tantos, que acabó dando el salto a Estados Unidos, donde la primera tarjeta navideña se imprimió en 1875, por un litógrafo de Boston llamado Louis Prang.A finales del siglo XIX ya se había puesto de moda. Había concurso, la gente los coleccionaba, o se hacían reseñas en los periódicos de la época, como con cualquier otra forma de arte. Solo Prang ya producía más de 5 millones de Christmas al año por entonces.Pero es a partir de 1915 cuando los christmas se pueden considerar como una industria moderna. Joyce Hall fundó una pequeña empresa de impresión de postales en Kansas, y ese año publicó su primera tarjeta navideña. Poco después, se le unirían sus hermanos, Rolli y William, y la Hall Brothers Company reinventó el concepto, con tarjetas más grandes, dobladas por la mitad, y metidas en un sobre. habían creado el nuevo standard.Esta nueva modalidad triunfó, gracias a que la gente tenía más espacio para escribir. Nuevos diseños provocaron que los christmas se popularizaran enormemente tras la II Guerra Mundial. Mientras que artistas reconocidos, como Salvador Dalí, realizaron tarjetas por encargo de Hall Brothers, ya renombrada como Hallmark. Una compañía que sigue dominando el mercado global en la actualidad. De hecho es probable que alguna de las tarjetas que recibas este año lleve su icónica corona de la marca.Como curiosidad, una de las primeras tarjetas enviadas por sir Henry Cole fue subastada hace unos años, alcanzando un precio récord de 22.500 libras. Los coleccionistas se pelearon por un detalle: estaba dirigida a su abuela y su tía, y estaba firmada por el propio Cole.
La reina del fraude especializada en herencias falsas
Cassie Chadwick, cuyo primer nombre fue Elisabeth 'Betty' Bigley, fue una de las grandes estafadoras del siglo XIX. Nació en una granja, tenía problemas de dicción, era sorda de un oído, y no tenía ningún rasgo destacable, pero consiguió estafar a banqueros, magnates, e incluso a su propia hermana. Con trucos tan simples que sonrojarían a cualquiera. La respuesta quizá estuviera en sus ojos, en su mirada intensa, incluso hipnótica; y en una época en la que nadie se atrevía a manchar el nombre de alguien tan importante como Andrew Carnegie. Bigley nació en octubre de 1857, en Ontario, Canadá. Era la quinta hija de ocho hermanos. Introvertida, soñadora y mentirosa desde pequeña, comenzó pronto con sus fechorías. Con tan solo 13 años, falsificó una carta con una presunta herencia de un tío en Inglaterra, y con ella logró abrir una cuenta bancaria. Le permitió empezar a utilizar cheques sin fondos, pero pronto fue arrestada. El tema es que los tribunales determinaron que tenía problemas mentales, y la mandaron de vuelta a casa, con su padre.Unos años después repitió el fraude, pero haciéndolo un poco más sofisticado. Falsificó una nueva notificación de herencia, y simuló las tarjetas de la élite social de aquel entonces, a modo de presentación. Con estar tarjetas, se dirigía a un comercio, escogía un artículo caro y pagaba con un cheque que excedía el valor del artículo. Con sus credenciales, los comerciantes no dudaban en darle en metálico la diferencia, y colaba siempre. Nadie dudaba de una heredera de una suma tan importante. Poco después se trasladó a Cleveland, a vivir con una de sus hermanas, recién casada. Y ella y su marido fueron pronto víctimas de Betty. Tras tasar todo lo que había en la casa, desde cuadros hasta sillas, se fue al banco a pedir un crédito, poniendo como garantía el valor de los objetos de la casa de su hermana. En cuanto el marido se dio cuenta, la echó de casa, aunque se trasladó a otro barrio de la misma ciudad.En 1883 se casó con un médico, pero la unión apenas duró 12 días. Después de que un periódico local se hiciera eco de la boda, una cola de comerciantes se agolpó en la casa del médico, exigiendo el dinero que les había estafado Betty. El marido pagó las deudas de su esposa para no verse afectado, pero no dudó en separarse.Con estos antecedentes, a Betty no le quedó más remedio que reinventarse. Empezó por cambiarse el nombre, a Marie Rosa. Pero las estafas continuaron. En un viaje por el estado de Pensilvania, fingió ser nieta de un veterano de la guerra civil, y simuló sufrir hemorragias para obtener dinero para su traslado de vuelta a Cleveland. Cuando le exigían el dinero, los estafados recibían una carta lamentando el fallecimiento.Pero bajo el nombre de Marie Rosa probó nuevas formas de engaño. En una, se hizo pasar por vidente, e incluso llegó a casarse con dos de sus clientes. El primero, un granjero al que abandonó; y el segundo, un rico hombre de negocios con el que tuvo un hijo, al que mandó con su familia a Canadá. Este, su tercer marido ya, murió poco después, dejando una herencia de 50.000 dólares de la época a Marie Rosa.Pero la primera herencia real que recibió no fue suficiente. Se trasladó a la ciudad de Toledo, en Ohio, y se volvió a cambiar el nombre, ahora a Lydia Devere, regresando al negocio de la videncia. Pronto consiguió convertirse en la asesora financiera de uno de sus clientes, al que lió en sus siguiente estafa, similar a las anteriores, pero introduciendo nuevos elementos.Lydia preparó un pagaré de un importante hombre de Cleveland, por valor de varios miles de dólares. Falsificó su firma, y pidió a su cliente que lo ingresara en su banco. Si no lo hacía, tendría que cruzar todo el estado de Ohio para conseguir el dinero, le advirtió para convencerle. Su cliente, un hombre distinguido, aceptó. En el banco no hubo problemas. Pero las entidades ataron cabos, y los dos fueron arrestados. Pero al final su cliente fue declarado como víctima y ella como única culpable, condenada a nueve años y medio de prisión. Pero tras solo tres años y medio a la sombra, consiguió salir de prisión, gracias a una campaña dirigida al gobernador, al que aseguraba que no reincidiría, y al que le proclamaba su arrepentimiento.pero tras estas andanzas, Betty, o Marie Rosa, o Lydia, volvió a Cleveland con un nuevo nombre: Cassie L. Hoover. En la ciudad puso en marcha un burdel. Allí conoció a un importante médico viudo, con el que se casó: Leroy Chadwick, miembro de una de las familias más antiguas de la ciudad. Se trasladó a su palacio, y pronto comenzó a gastar dinero sin freno con su nuevo nombre: Cassie L. Chadwick, que es con el que se hizo famosa. Celebraba grandes fiestas para agasajar a la élite de la ciudad, y cuando su marido se quejó, empezó a pedir préstamos a cargo de su futura herencia. En 1902 comenzó su gran fraude: se hizo pasar por la hija ilegítima de Andrew Carnegie, el magnate del acero, y uno de los grandes himbres de negocios del momento. La sofisticación de la estafadora aquí alcanzó su cénit. En la primavera de aquel año cogió un tren a Nueva York, donde se alojaba en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. Allí se encontró con James Dillon, un importante abogado, amigo de su marido. Celebrando la coincidencia, le pidió si le podía llevar a casa de su padre.Para asombro del abogado, poco después estaban en la puerta de la mansión de Carnegie. Chadwick le pidió que le esperase en el carruaje. La estafadora estuvo hablando con una de las doncellas, pidiendo referencias por una antigua empleada, inexistente, claro. Tras media hora, volvió al carruaje, donde le esperaba asombrado el amigo de su marido. Con ella llevaba un sobre, y al subir al carruaje dejó caer un pagaré con una cifra muy alta. Aquí, mitad historia, mitad leyenda, las versiones oscilan entre los 25.000 y los 2 millones de dólares. Dillon le preguntó que quién era su padre, y ella le confesó, en secreto, que era Carnegie, que ella era una hija ilegítima, y que había aceptado pagar para evitar el escándalo. Le pidió, por favor, que le guardase el secreto, pero era consciente de que una historia tan fantástica pronto se difundiría. Chadwick confiaba en que nadie iba a atraverse a preguntarle a Carnegie por una hija ilegítima. Se convirtió en 'la Reina de Cleveland', como le llamaba la prensa de Nueva York.Pero su desaforado gasto empezó a pasarle factura. Pedía dinero prestado a múltiples bancos, muchas veces pagando los créditos de una entidad con el dinero de otra, tomando como base de operaciones el Wade Park Bank, donde ingresó los pagarés falsos de Carnegie. Consiguió que hasta presidentes de bancos le dieran dinero de su propio bolsillo. Hasta consiguió que magnates del acero, amigos del propio Carnegie, le prestaran dinero. Prometía intereses desorbitados, superando lo que cualquiera consideraría usura, confiando en que nadie iba a cobrar esos intereses. Una estrategia que le funcionó durante un tiempo.Concretamente, hasta que uno de estos incautos dejó de hacerlo. Herbert Newton, un banquero de inversión, se dió cuenta de que no le iba a pagar, así que la demandó ante una corte federal en Cleveland, exigiendo además al Wade Park Bank que retuviera los pagarés de su presunto padre. Cuando Cassie Chadwick fue detenida, negó todos los cargos. Y para sorpresa de todo el mundo, negó cualquier conexión con Carnegie. En 1905 fue declarada culpable, y condenada a 10 años de cárcel. Al juicio asistió hasta el propio magnate, que mostró su asombro al ver que los pagarés tenían hasta errores ortográficos, y recordando que llevaba 30 años sin firmar un solo pagaré.Todo el escándalo se hubiera acabado si cualquiera le hubiera preguntado al magnate. Y hubiera evitado los problemas financieros de muchos bancos, que de repente vieron cómo parte de los activos a su nombre no valían nada.Dos años después, Chadwick falleció entre rejas. Sin cualidades aparentes, la estafadora sí que demostró una inteligencia y una capacidad de persuasión poco comunes. Entendió las debilidades del ser humano, comprendió su época, y se ganó la confianza de todo el mundo. Hoy en día aún no está claro cuánto dinero logró estafar, debido a que la mayoría de sus víctimas, ricas y orgullosas, nunca reconocieron sus pérdidas.
Bre-X, las virutas de un anillo de boda y el gran fraude del oro
Bre-X y Michael de Guzmán son los protagonistas del que puede ser el mayor fraude con materias primas de la historia. Con unas fotos de un simple anillo de boda lograron construir un imperio valorado en 6.000 millones de dólares. Una historia que conjuga fraude, oro y muerte, y que tiene como secundario de lujo a Lehman Brothers.Bre-X era una empresa canadiense, fundada por David Walsh en 1989. No tenía actividad ni beneficios conocidos. Era una de esas compañías llamadas 'penny stocks', por valer menos de un dólar, muy pequeñas y especulativas. Pero la fortuna de la empresa cambió en 1993, cuando, aconsejados por el geólogo John Felderhof, famoso por haber descubierto una mina de oro en Papúa Nueva Guinea, decidieron comprar unas tierras en plena junga de Borneo.Felderhog era un buscador de oro de la vieja escuela. Nacido en Países Bajos, pero criado en Canadá, llegó a ser vicepresidente de Bre-X. Aseguraba haber encontrado el preciado metal en esas tierras, a pesar de que otras grandes mineras lo habían buscado infructuosamente. Sus afirmaciones se basaban en las muestras logradas por Michael de Guzmán, también geólogo y buscador de oro.Las primeras estimaciones hablaban de 136.000 libras de oro en la mina. En 1995 ya se hablaba de 2 millones de libras. En 1997, de 5 millones de libras. El descubrimiento atrajo el interés de Wall Street, y en una conferencia con inversores de JP Morgan, Felderhof sugirió que podría haber hasta 13 millones de libras de oro bajo las tierras compradas en Borneo por Bre-X. El valor estimado era de 70.000 millones de dólares. Era el mayor depósito de oro del mundo.La reacción en bolsa fue la esperada. La compañía pasó de cotizar a 30 centavos por acción, a rondar los 250 dólares por título tras compras las tierras de Borneo. Bre-X tenía un valor de mercado que rondaba los 6.000 millones. La compañía había pasado de la bolsa de Alberta a la de Toronto, y de ahí, al lugar donde todo el mundo quería estar: el Nasdaq. Lo logró en agosto de 1996.Poco después, Lehman Brothers no dudó en calificar la mina indonesia como "el descubrimiento de oro del siglo".Parte de la fiebre venía por el boom que vivían en aquel momento las compañías mineras canadienses, que obtenían fondos rápidamente para financiar exploraciones desde los territorios de la antigua Unión Soviética hasta Perú. Pero Bre-X era otra cosa, todas las compañías querían ser 'el próximo Bre-X'. Como era de esperar, un descubrimiento de ese tamaño no podía pasar desapercibido para las autoridades. En 1996, Suharto, presidente de Indonesia y uno de los mayores corruptos de la historia, quiso su parte del pastel.El Gobierno paralizó los permisos, alegando que Bre-X era demasiado pequeño. Finalmente llegaron a un acuerdo para repartirse los beneficios entre ellos y una tercera compañía, la minera Freeport, que se encargaría de verificar que realmente existía el oro prometido. La fiebre por el oro aumentaba.El problema, porque había un problema, es que no había prácticamente nada de oro, como descubrió Freemont en sus primeras exploraciones, en marzo de 1997. De Guzmán había estado falsificando las muestras desde el principio. Primero, con virutas de su propio anillo de boda. Después, con materiales obtenidos mediante el bateo en la propia zona.Otros geólogos y expertos ya habían dudado de sus muestras desde el primer momento, ya fuese porque las formas no eran naturales, o porque eran demasiado pequeñas. No había cómo verificarlas.Pese a aquellas primeras advertencias, Wall Street 'compró' el descubrimiento. Y no solo ellos, sino grandes inversiones institucionales, como el fondo de pensiones de los profesores de Ontario, o cajas de ahorros nacionales. Bre-X era el orgullo de Canadá.El escándalo no tardó en estallar. En febrero de 1997, el Gobierno de Indonesia había cerrado el acuerdo: se creó una joint venture en la que Bre-X tenía el 45%, Indonesia un 40% y Freeport un 15%. Pero se vio pronto que el oro nio existía.Poco después, De Guzmán se tiraba de un helicóptero cuando iba camino, precisamente, de una reunión con Freeport. Las condiciones del suceso nunca fueron aclaradas. La policía dictaminó que se trató de un suicidio, pero desde entonces han florecido todo tipo de leyendas, desde el asesinato hasta un montaje. Como consecuencia, los mercados de valores de Vancouver y Alberta vivieron sus peores jornadas en una década.Lo que nunca quedó claro es quién fue el responsable del verdadero fraude. Muchos acusan al propio De Guzmán. Pero Felderhof también es sospechoso: vendió acciones de Bre-X por valor de 80 millones de dólares poco antes de destaparse el escándalo. Fue el único acusado por información privilegiada, pero fue absuelto poco después. ¿Sabían algo de la trama en Bre-X, o su fundador? Él y su esposa vendieron acciones por valor de 30 millones entre abril y septiembre de 1996. Poco después se trasladó a Bahamas, donde falleció dos años después por un aneurisma.Un caso con muchas preguntas y, aún a día de hoy, pocas respuestas. Lo único claro es que este gran fraude se sustentó en unas virutas rascadas de un anillo de boda. La fiebre del oro, y la inestimable colaboración de Wall Street, hizo el resto. Bre-X desapareció en 2002.
El efecto Maradona y los bancos centrales
Se ha cumplido un año ya de la muerte de Maradona. Una figura cuya fama e influencia superó a la de casi cualquier otro deportista antes y después. Un tipo con una vida plagada de luces y sombras, cuyo legado se mantiene vivo en el recuerdo de los aficionados al fútbol, en el recuerdo de los argentinos, de los napolitanos, de los seguidores de Boca... Pero el legado del Diez también permanece en la economía. Y no nos referimos a su polémica y conflictiva herencia, sino a su influencia en las políticas monetarias de los bancos centrales. Como lo oyes. Hay que remontarse al año 2005, cuando Mervyn King, entonces presidente del Banco Central de Inglaterra, utilizó los dos míticos goles de Maradona contra Inglaterra en el Mundial de 1986 para explicar la política monetaria.El primero, 'la mano de Dios', el gol que debió ser anulado porque el Diez superó a Shilton utilizando su mano. Este tanto, "inesperado y contra las reglas", como recordaba el propio King, se asemeja a la estrategia con la que un banco central se maneja en momentos críticos. Pero el gol relevante, el que ha pasado a la historia como uno de los mejores, y el que de verdad inspiró al gobernador, es el segundo, aquel en el Maradona regatea a medio equipo de Inglaterra. Así explicaba King cómo fue aquel gol: "Maradona corrió 55 metros desde el interior de su propio campo sobrepasando a cinco jugadores antes de colocar la pelota en el arco inglés. Sin embargo, lo verdaderamente destacable es que Maradona corrió prácticamente en línea recta. ¿Cómo se puede superar a cinco jugadores corriendo en línea recta?, la respuesta es que los defensores ingleses reaccionaron a lo que esperaban que hiciera Maradona"."Como esperaban que Maradona se moviera a la izquierda o a la derecha, este fue capaz de seguir recto", explicó el exgobernador. La política monetaria funciona de forma similar, aseguró. Las tasas de interés del mercado reaccionan a lo que se espera que haga el banco central. Sin hacer nada, logran que los agentes económicos modifiquen sus decisiones.Es decir, los bancos centrales pueden influir en la trayectoria de la economía sin ni siquiera tocar las tasas de interés, sin recurrir a las herramientas a su alcance, solo con su comunicación, solo con el lenguaje. Lo explica el propio King. "Aplicamos el 'efecto Maradona', porque los mercados financieros no esperaban que las tasas de interés se mantuvieran constantes. Esperaban que las tasas subieran o bajaran. Esas expectativas fueron suficientes, en ocasiones, para estabilizar el gasto privado, mientras que las tasas de interés oficiales de hecho se movieron muy poco". ¿Se ha utilizado esta estrategia? Constantemente. Uno de los que más partido le sacó fue Mario Draghi, durante su etapa como presidente del Banco Central Europeo. Nadie como él fue capaz de de utilizar el lenguaje y la comunicación para proteger al euro y a la economía europea. Tal era su habilidad que algunos inversores lo rebautizaron como 'Mariodona'. Para la historia queda su intervención en 2012, en medio de una tormenta financiera sin precedentes, con las primas de riesgo disparadas, y con dificultades en el acceso a la financiación para España o Italia. "El BCE está listo para hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente". Con esa intervención, con esa frase, Draghi salvó el euro. Puro 'efecto Maradona'.Pese a todo, esta estrategia tiene sus detractores. Por un lado, hay algunos que exigen a los bancos ser claros y precisos en sus comunicaciones, evitando amagos y regates. Y por otro, y recurriendo a la fábula de 'Pedro y el lobo', hay economistas que advierten que de tanto gritar que viene el lobo habrá un momento en el que nadie se crea a los bancos centrales.
Los hermanos que se arruinaron teniendo toda la plata del mundo
Hay personas que, desde que nacen, están destinadas a triunfar. Es el caso de los hermanos Hunt, tres inversores que llegaron a tener en su poder casi toda la plata del mundo, se arruinaron tras manipular los precios de este metal, y volvieron a ser ricos gracias a sus inversiones en petróleo.Pero su fama no se debe a su riqueza, sino a sus tejemanejes con la plata. Su nombre pasará a la historia de las finanzas por tratar de acaparar el mercado de la plata para manipular su precio. Una jugada que terminó por condenarles y llevarles a la bancarrota. Pese al fracaso de esa jugada, William Herbert Hunt, el único de los tres hermanos que sigue vivo, tiene una fortuna de unos 2.000 millones de dólares, y está entre las personas más ricas del mundo. Fueron figuras tan relevantes que llegaron a inspirarSu padre era el legendario millonario HL Hunt, magnate del petróleo, que llegó a ser una de las 8 personas más ricas de Estados Unidos. Cuenta la leyenda que financió sus primeras inversiones jugando al póker, invirtiendo después el dinero que ganaba en partidas y torneos en la exploración de pozos. Una tradición, la petrolífera, que heredarían sus hijos.Nelson Bunker Hunt era el mayor de 14 hermanos, y quizá el más decidido. Llegó a ser el hombre más rico del mundo en 1966 gracias a sus negocios petroleros: fue el dueño de los primeros grandes pozos que se descubrieron en Libia.De aquella aventura surge la obsesión de Bunker por la plata. En 1973, cuando el dictador Muamar el Gadafi nacionalizó sus pozos de petróleo, empezó a desconfiar de los gobiernos y sus decisiones. Incluyendo el gobierno de EEUU. Los Hunt comenzaron a desconfiar de la impresión de dinero y de la política monetaria, que a través de la inflación erosionaba el poder adquisitivo del dinero fiduciario.Hay que tener en cuenta que la inflación era un infieron en Estados Unidos durante los 70. Se movía entre el 6 y el 14%. Tener el dinero bajo el colchón suponía ver cómo los billetes de dólar perdían valor cada día. Eso hacía que la inversión en activos reales o financieros fuera casi obligatoria para esquivar esa fuerte subida de precios.Estas circunstancias, junto con la ideología conservadora de los tres hermanos, les llevó a confiar en activos reales, que podrían tener bajo control, como los metales preciosos, por ejemplo. Bunker, Herbert y Lamar llegaron a acumular 200 millones de onzas de plata en aquella década. Una cantidad que superaba la producción anual de los cuatro mayores productores del mundo. Traducido a dinero, la inversión de los Hunt era de unos 2.000 millones de dólares en septiembre de 1979. Cuatro meses más tarde, ascendía a 10.000.En 1974, compraron contratons de futuros sobre la plata que alcanzaban las 55 millones de onzas, lo que equivalía al 9% de la plata de todo el mundo. Como se dice en jerga bursátil, los Hunt estaban largos. Tenían una posición compradora, que da el derecho a recibir el activo subyacente, en este caso la plata, al vencimiento de la fecha acordada.Normalmente, los inversores que operan con futuros los venden antes de que llegue la fecha de entrega, o los liquidan, lo que implica que el activo subyacecnte no se mueve, y el comprador del futuro recibe o paga la diferencia, dependiendo de su si precio ha subido o bajado.Pero los Hunt pidieron recibir físicamente los 55 millones de onzas de plata, un tesoro que guardaron en Suiza -a dónde la trasladaron en aviones adaptados especialmente y fuertes medidas de seguridad-, para evitar el pago de impuestos en Estados Unidos, y también por miedo a las represalias del Gobierno.Con esa plata inmovilizada, los Hunt, con la ayuda de un socio Saudí, comenzaron a comprar nuevos contratos de futuros sobre el metal, hasta alcanzar los 43 millones de onzas. La idea era, de nuevo, recibir físicamente toda esa plata. Pero a medida que se corría la voz sobre la posición de los Hunt, los inversores intentaban subirse a la ola, comprando plata y disparando su precio. Pasó de 8 a 16 dólares a finales de 1979.Si la mayoría de inversores decidían, como los Hunt, recibir la plata físicamente, no habría suficiente metal para cubrir las entregas. Esta escasez de oferta física disparó aún más los precios. Sabiendo que había escasez de plata, porque ellos tenían acaparada una parte importante, los Hunt fueron con todo. Bunker adquirió futuros para comprar otros 32 millones de onzas por más de 500 millones de dólares. En ese momento es cuando se estimó que Hunt y sus amigos saudíes llegaron a controlar el 77% de toda la plata en manos privadas.Los precios se dispararon hasta superar los 40 dólares por onza y el 17 de enero de 1980 llegaron rebasar los 54 dólares intradía, los máximos históricos de un metal que actualmente cotiza a poco más de 20 dólares. Los Hunt tenían alrededor de 4.500 millones de dólares en plata, aunque gran parte de esta fortuna se había producido gracias a una revalorización fruto del 'secuestro' del mercado.La situación era tan terrible que hasta la joyería Tiffany's se quejó, denunciando que inconcebible que alguien acumulase tantos millones de dólares en plata, lo que encarecía artificialmente el precio que los clientes tenían que pagar por las joyas elaboradas en este metal. Las dificultades también afectaron a empresas como Kodak o grandes productoras de cine, ya que la plata era clave para la fabricación de rollos de película.En ese contexto, el regulador, con el respaldo del Gobierno de EEUU, decide intervenir. Limita las compras de plata, incrementando las exigencias colaterales para los inversores que apostaban a futuros. Y la Fed elevó los tipos de interés, lo que ahogaba a los Hunt, que habían hecho a crédito gran parte de su inversión.El precio de la plata entró en caída libre. La situación era compleja. Uno de los bróker con los que trabajaban los Hunt se vio obligado a vender plata a la desesperada para tratar de cubrir pérdidas. Esto fue el jueves 27 de marzo de 1980, que pasaría a la historia como 'El jueves de la plata'. Una jornada en la que onza cayó hasta por debajo de los 11 dólares, tras desplomarse un 78% en 10 semanas.Pese al hundimiento del precio, los Hunt aún tenían que hacer frente a los contratos futuros, muchos firmados por más de 50 dólares la onza, que sumaban un valor superior a los 1.700 millones de dólares. Se convirtieron así en los mayores deudores de la historia financiera hasta aquel momento. La banca les concedió un crédito de 1.100 millones para que hicieran frente a parte de esa deuda, mientras que los Hunt tuvieron que declararse personalmente en bancarrota. Además, fueron condenados por manipulación del mercado, y recibieron multas severas.Estuvieron años devolviendo dinero a sus acreedores. La fortuna de Bunker pasó de los 16.000 millones a tan "solo" 10, pero logró mantener parte de sus negocios de extracción de petróleo. Esta circunstancia es la que permitió a los hermanos, tras saldar sus deudas, volver a ser ricos.
El primer Black Friday, sin descuentos y con un gran fraude financiero
El primer black friday de la historia tiene poco que ver con los actuales. Ni ofertas, ni descuentos... el protagonista fue el mayor escándalo financiero del siglo XIX. Provocó uno de los mayores hundimientos del oro y de Wall Street de la historia.Pongámonos en situación. Hablamos del año 1869. Estados Unidos seguía en plena reconstrucción tras la Guerra Civil. Suponía un esfuerzo enorme por parte del Gobierno Federal. Los ingredientes perfectos para que buscavidas de toda clase se arrimaran al poder, con objetivos poco loables. Y ese fue el camino que siguieron los protagonistas de este fraude, Jay Gould y Jim Fisk, dos millonarios especuladores, con grandes intereses en el ferrocarril. Gould era considerado como el mayor genio financiero de su época, y también el empresario más odiado. Creó nuevas formas de manipular el mercado, reunir capital y acabar con sus competidores. Muchos de sus métodos son ahora una práctica estándar, mientras que otros estaban entre las primeras prácticas prohibidas por la SEC al entrar en vigor décadas después. Fisk, por su parte, tuvo un montón de trabajos antes de llegar al mundo de las finanzas. ¡Incluso en el circo! Sus éxitos como inversor siempre estuvieron ligados a los de Gould, del que ya no se separó hasta su muerte. Que no tardó mucho en llegar, ya que fue asesinado en 1972 por motivos que mezclan los negocios y el amor. Fisk fue conocido por su capacidad para corromper a funcionarios públicos, y también por financiar espectáculos de Brodway y a algunas de sus protagonistas.La unión de Gould y Fisk nace en su enfrentamiento contra Cornelius Vanderbilt, otro de los grandes millonarios de la época, por el control del tren entre Nueva York y el lago Eire. Una guerra en la que no dudaron en recurrir al fraude cuando fue necesario. Gould y Fisk eran el arquetipo de los denostados magnates del siglo XIX. Claro ejemplo de los 'robber barons', los barones ladrones, como se conocía a los empresarios estadounidenses que se enriquecieron recurriendo a métodos sin escrúpulos. Y en los que está inspirado el personaje del tío Gilito. En este caso, Gould y Fisk intentaron hacer fortuna con el mercado del oro, arrinconando el mercado al acumular metal para que el precio subiera. En plena reconstrucción, el Gobierno Federal, que había emitido moneda y deuda sin respaldar por oro, para financiar su deuda, se decidió a recomprarla con oro. Algo que había estado haciendo desde el final de la guerra. De hecho, había prometido pagar en oro o equivalente los bonos y monedas emitidas.Dado que la cantidad de oro era relativamente estable, el Gobierno tenía mucho poder para fijar el precio del oro, utilizando sus reservas. Y ese poder era al mismo tiempo su debilidad.Por eso Gould y Fisk decidieron atraer a su causa a Abel Corbin, un financiero, cuyo principal valor es que era cuñado del recien nombrado presidente, Ulysses S. Grant.Le utilizaron como 'lobbysta'. Aprovechaban cualquier acto social para que les acercase al presidente, al que le advertían de lo importante que era mantener alto el precio del oro, afirmaciones que contaban con el respaldo de Corbin. Además, lograron colocar como subsecretario del Tesoro a Daniel Butterfield, cuya misión era advertirles si el Gobierno pretendía vender sus reservas.Con todo en marcha, Gould y Fisk comenzaron a acumular oro desde agosto de 1869. Para ello, utilizaron sociedades interpuestas, junto a otras triquiñuelas, para evitar ser descubiertos. En pocas semanas, se desataba la locura con los precios del oro, mientras se especulaba con un grupo de inversores que estaba acumulando el metal, lo que era cierto.El 22 de septiembre, dos días antes de aquel primer viernes negro, Corbin advierte a Gould de que el presidente les había descubierto. En una vuelta de tuerca más, Gould no avisó ni a Fisk ni al resto de implicados, y se lanzó a vender todo el oro que pudo, aunque sin llamar la atención para no hundir su precio.La locura continuó dos días más, y se materializó el Black Friday. El oro, que en verano cotizaba a 132 dólares, había cerrado el jueves 23 en más de 144 dólares. Ese viernes llegó a alcanzar máximos de 200 dólares. Entonces Grant decidió actuar: inundó el mercado con las reservas de oro del Gobierno, y provocó un terremoto en Wall Street. El oro se desplomó en minutos hasta los 133 dólares. Un hundimiento del 33%. Y la renta variable se contagiaba del pánico, con un retroceso del 20%. En las materias primas la sangría fue aún más grave: algunos granjeros vieron como sus cosechas de trigo y maiz valían la mitad de un momento a otro. Numerosos inversores se arruinaron, incluyendo al propio Corbin.Las consecuencias económicas dudaron meses. Fueron un lastre para los negocios en todo el país, y mancharon la presidencia de Grant. Sus efectos se notaron incluso en Europa. Pese a todo, Gould logró sacar un buen pellizco con su fraude, y sus negocios con Fisk siguieron adelante. Los protagonistas salieron prácticamente indemnes. Y, por supuesto, ni pisaron la cárcel.
El analista que llamó basura a Robert Maxwell
A principios de los 90, Robert Maxwell era un todopoderoso magnate de la industria de los medios. Una figura intocable. Nadie se atrevía a criticarle. Salvo Derek Terrington, un analista, que emitió el informe con el que comenzó la caída del millonario. Y no solo fue una ofensa por su recomendación, que era "vender", sino por su título, muy simple, pero cruel: "No puedo recomendar una compra". En inglés, "Can't Recommend A Purchase". Inocente, salvo que te fijes solo en las iniciales: CRAP. Literalmente, basura, cagada, mierda. Podrido.La pequeña broma no le hizo ninguna gracia a Maxwell, que entró en colera, y exigió la cabeza del analista. Y se la concedieron. Así funcionaban las cosas en la City de Londres en aquellos tiempos. Así se las gastaba la maquinaria represiva del millonario británico. Y la recomendación quedó enterrada y sepultada."Lo desterraron. Su único crimen fue tener razón demasiado pronto". Así lo explicaba Édouard Tétreau, un autor imprescindible para entender cómo, a principios de los 90, se estaba gestando la burbuja de los medios de comunicación y las tecnológicas. "Nadie hablaba de ello, pero todos los brokers ingleses parecían haberse puesto de acuerdo: estaba prohibido contratar a Derek Terrington, ese tipo peligroso que escribe lo que le da la gana". Más allá del título, el informe, contundente, dejaba claro que Maxwell Communicatios era un globo tan inflado como vacío, que no tardaría en explotar. Las cuentas estaban llenas de incoherencias. Los balances no tenían sentido. Hablaba de un entramado complejo e intencionado, que tenía el objetivo de manipular el precio de las acciones.No hay que olvidar que esas acciones, esos títulos, eran la garantía de los grandes prestamos que los bancos le concedían al grupo Maxwell en su loca carrera por ganar tamaño. Incluyendo UBS, la institución para que la que trabajaba Terrington."En esa nota todo estaba escrito. No faltaba ninguna advertencia. Los inversores ya no podían hacerse los despistados", insistía Tétreau. El analista descubrió el pastel justo antes de que Maxwell Communications sacara a bolsa Mirror Group, la matriz del conocido periodico sensacionalista Daily Mirror. En noviembre de 1991 Maxwell fallece frente a la costa canaria, ahogado, en extrañísimas circunstancias. Estaba él solo de crucero en su yate, algo que nunca antes había hecho, y aún hoy no se sabe si se suicidó, si tuvo un accidente, si lo asesinaron o qué pasó. Recibió las condolencias de líderes mundiales como Gorbachov, Margaret Tatcher, George Bush... lo que deja claro su importancia y su poder.¿Qué hacía en Canarias? Con su grupo rodeado de escándalos, y entre acusaciones de fraude, malversación de fondos y desfalco, de relaciones raras con el Mossad... buscaba algo de calma y tranquilidad para encontrar soluciones. Y dinero.Porque Terrington tenía razón. La muerte del magnate solo hizo que acelerar el colapso de su imperio mediático.Antes, durante la década de los 80, había convencido a los bancos de que financiaran su expansión, y de que le ayudaran a convertir su pequeño y rentable negocio de impresión y publicación en un conglomerado global. Al estilo de Time Warner, o de la News Corporation de Rupert Murdoch. El apodado Capitan Bob, por su pasado militar, estaba muy bien relacionado políticamente. De origen checoslovaco, fue un hombre de ambiciones desmedidas, y usó sus periódicos para lograr todo lo que se proponía. O para dañar a los que se interponían en su camino. Le proporcionaban una gran influencia y capacidad para silenciar. Como señalaba el The New York Times en un artículo de 1991, ya rodeado de los escándalos, "siempre había operado sobre la base de que el resto de personas eran tontas".Maxwell tuvo que asistir a la espantada de su gente de confianza, porque ni ellos mismos se creían todo lo que veían. Era un especialista en mezclar sus negocios y sociedades privadas, con los de una compañía cotizada como Maxwell Communications. De hecho, muchos años antes, un juez que le había investigado por inflar las operaciones de su primera sociedad ya le retrataba: "era incapaz de distinguir entre el dinero de otras personas y el suyo".Maxwell ideaba acuerdos inflados entre empresas de su propiedad, y utilizaba dinero privado para elevar el precio de las acciones del grupo cotizado, que eran la garantía con la que podía obtener financiación de los bancos. Hacía ver que Maxwell Communications era una compañía sólida y con futuro. Y además se preparaba para colocar en bolsa el 49% de Mirror Gruop. Una operación con la que ingresó más de 450 millones de dólares, pero que también puso otro clavo en el ataud del conglomerado, porque esas acciones también tenían que ser sostenidas de forma artificial.En su constante huída hacia adelante, el magnate ideó operaciones financieras en el mercado de divisas, para ganar dinero que pudiera destinar a sus manipulaciones. Llegó a meter sus manos en los fondos de pensiones de sus compañías para que la bola de nieve siguiera rodando. Pero ya era tan grande e imparable como la arrogancia del propio Maxwell."Los bancos que financiaron todo esto deben tener un enorme sentimiento de culpa. Su credulidad sigue sorprendiéndome", declaró Derek Terrington en The New York Times. Algo que venía apostillado por otro analista que comentaba lo siguiente: "Los bancos hicieron algunos préstamos extremadamente tontos y van a perder mucho dinero". Pero así funcionan los bancos y los mercados cuando la confianza les ciega o los intereses cruzados no les permiten tomar las mejores decisiones.Una historia que parecía de dominio público pero que nadie se atrevía a denunciar, hasta que fue demasiado tarde. Un patrón que siempre se repite en las crisis de los mercados.
La historia de DuPont, entre la pólvora, la contabilidad y las polémicas
La historia de Estados Unidos no podría entenderse sin DuPont. Tampoco podría entenderse el concepto del sueño americano. Porque la historia de la compañía, nacida hace más de 200 años, está intimamente ligada a los grandes eventos que han definido a la sociedad norteamericana.Pierre Samuel du Pont de Nemours, un hugonote nacido en París en 1739, era un ambicioso economista, editor y político, cercano a la corte de Luis XVI, gracias a sus escritos y sus ideas sobre libre comercio. El rey le dio diferentes cargos, y contó con él para negociar el Tratado de París, por el que Inglaterra reconoció la independencia de Estados Unidos. En un primer momento, apoyó la revolución francesa, pero acabó defendiendo físicamente a Luis XVI y a Maria Antonieta durante el asalto a Tullerías. Fue condenado a la guillotina, pero se libró por la caída de Roberpierre. Emigró a Estados Unidos en 1799.Allí pudo aprovechar los contactos que había hecho durante la negociación del Tratado de París, sobre todo con Thomas Jefferson. Pero el protagonista de la compañía que lleva su apellido no es él, sino su hijo, Éleuthère Irénée, que fundó E.I. du Pont de Nemours & Company en 1802. Se lanzó cuando, estando de caza, se dio cuenta de que el mercado de la polvora, cara y de mala calidad, ofrecía gran potencial.Con capital francés y maquinaria importada de Europa, creó la primera fábrica, que producía polvora de tal calidad que logró grandes ventas desde el primer momento. Además, aprovechando la cercanía familiar con el Gobierno, comienza a venderle pólvora al ejército. Con el estallido de la guerra de 1812, las ventas se multiplican. A mediados del siglo XIX ya era la mayor proveedora de pólvora del país, gracias, en parte, a la fiebre del oro, las guerras contra los indios en la expansión hacia el Oeste, y los conflictos en los que se implica Estados Unidos. En la Guerra Civil, DuPont ya suministraba la mitad de la pólvora del ejército de la Unión.Pero el gran salto se produce con el cambio de siglo. A comienzos del XX dejan de centrarse solo en las actividades bélicas (aunque un acuerdo para fabricar y distribuir dinamita dispara sus ventas), y se expanden a nuevos sectores, creando dos laboratorios pioneros en investigación, que desarrollan nuevos productos como la celulosa o la laca. También comenzó a fabricar plásticos de nitrocelulosa, y se hizo con varias empresas para agregar nuevas líneas de productos como colorantes, pinturas, ácidos o químicos pesados.En los años 20 empiezan a apostar por el desarrollo de polímeros, un esfuerzo del que surgen algunos de los productos y patentes más importantes de su historia, como el nylon, el neopreno, el plexiglas o el teflón.También se introduce en la industria automovilística, al hacerse con un importante paquete de acciones de General Motors. Pierre du Pont llegó a presidir la compañía, hasta llevarla al liderazgo mundial. Tuvo que vender su participación por las leyes antimonopolio.Pero lo más relevante de la relación entre DuPont y General Motors tiene que ver con la contabilidad. Uno de los comerciales emitió un informe interno en el que proponía una fórmula sobre el retorno de la inversión, que aún hoy se conoce como Fórmula DuPont, y que con el tiempo se ha convertido en el famoso ROE, o retorno sobre el capital. Esta fórmula supuso un paso de gigante en la evolución de las empresas, que solo medían ventas y costes, sentando las bases de la gestión moderna.A pesar de la diversificación, los esfuerzos bélicos seguían siendo clave para la compañía. No obstante, las guerras era un campo de pruebas para sus nuevos productos. Eran proveedores para EEUU de productos para ruedas, paracaídas... y, por supuesto, de pólvora. Además, durante aquella época, participan en el Proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica, con la construcción de instalaciones.El siguiente gran paso de la compañía se produce en los años 80, cuando entra en el negocio del petróleo, con la compra de Conoco. Aquella operación, que se convirtió entonces en la mayor fusión de la historia, aseguraba el acceso de DuPont al suministro de petróleo, imprescindible para elaborar sus productos. Fue clave, por ejemplo, para el lanzamiento de sus alfombras resistentes a las manchas, que se convirtieron en las más vendidas de Estados Unidos.En 1999, DuPont vendió su participación en Conoco, y entró en una nueva época empresarial, con la compra de una productora de semillas híbridas de maiz, convirtiéndose en una de las mayores productoras de plantas híbridas y modificadas genéticamente del mundo.En los primeros años del siglo XX vende o escinde algunos de sus principales negocios.La fusión con Dow Chemical Company, la otra gran química de Estados Unidos, fue el último gran cambio. El proceso se completa en 2017, y da lugar a una nueva empresa, valorada en 130.000 millones de dólares. El consejo de administración de ambas compañías decide separar el grupo en tres empresas independientes cotizadas en bolsa, cada una especializada en un campo: : una empresa de agricultura, llamada Corteva; una de ciencia de materiales, plásticos y otros químicos, que es Dow; y otra para los productos especializados, que es DuPont. Esta última incluye todo lo relacionado con la nutrición, la salud, la electrónica, las comunicaciones, y la seguridad y protección. En una historia de más de 200 años, DuPont no ha estado libre de polémicas. La más importante seguramente sea la del C-8, un producto utilizado para obtener teflón, y por la que fue denunciado por ocultar sus efectos: es un material cancerígeno, que puede provocar malfornaciones en el embarazo y otros problemas sanitarios. Tuvo que pagar millones de dólares en multas y compensaciones.También fue, junto a General Motors, la creadora y máxima productora de los CFC, una familia de sustancias dañinas para la capa de ozono. También tuvieron que enfrentarse a otra polémica por las presiones que ejercieron sobre una editorial para evitar la distribución de un libro ('Dupont, tras el telón del nylon'), que criticaba el papel de la familia Du Pont en la sociedad americana. Además de numerosas acusaciones a lo largo de la historia de fijación de precios en diferentes productos.Casi 220 años después, DuPont mantiene la sede en Wilmington, el mismo lugar en el que fue fundada. Da trabajo a casi 100.000 personas en todo el mundo, gran parte de ellos científicos e ingenieros. Y ha sido clave en la historia empresarial, para bien, y para mal.
Mister Cobre y la manipulación del mercado
A mediados de la década de los 90, si una empresa de Bangkok necesitaba cobre, podría tardar dos meses en recibirlo desde las minas de África. Salvo si se encargaba Sumitomo, el conglomerado japonés que podía lograr un envío en tan solo 10 días. Eran los reyes del mercado, pero todo colapsó en junio de 1996.El responsable fue Yasuo Hamanaka, el hombre que también les había llevado a dominar el mercado. Le apodaban 'Mister Cobre', o 'El señor del 5%', porque se especulaba con que ese era el porcentaje del mercado que controlaba.Puede parecer poco, pero en un mercado tan ilíquido como el del cobre, en el que el transporte entre el almacén y el punto de entrega es tan lento y caro (tanto que puede absorver todo el beneficio de una inversión), es una cantidad muy significativa. Sumitomo acumulaba una gran cantidad de cobre. En depósitos, en almacenes, en fábricas... pero también poseía numerosos contratos de futuros. 'El señor del 5%' utilizaba el tamaño del conglomerado y sus grandes reservas para arrinconar y exprimir el mercado. Lo hacía a través de la Bolsa de Metales de Londres (LME, por sus siglas en inglés), que al ser la mayor del mundo acababa dictando el precio mundial del cobre.Hamakana mantuvo ese precio artificialmente alto durante casi 10 años, disparando sus beneficios. En un mercado tan específico y complejo como ese, la mayoría de inversores y especuladores eran conscientes de que manipulaba el mercado. Y de que contaba con grandes participaciones, tanto en activos físicos como en futuros.Cada vez que un inversor intentaba operar en corto, Mister Cobre manteía sus posiciones, y acababa tumbando a sus rivales, porque tenía más recursos. Sus posiciones largas eran invencibles. Hamanaka también se beneficiaba de que la LME era bastante opaca, y no obligaba ni a tener informes de posiciones, ni estadísticas, ni nada. Así, los comerciantes podían saber que el precio era alto, e incluso muy alto, pero no sabían las cifras que manejaba Hamanaka ni el dinero que tenía en reserva. Al resto de inversores no les quedó más remedio que dejar que se saliese con la suya.La estrategia se empieza a desmoronar en 1995, cuando resurge la minería china, que dispara las reservas de cobre. Con el precio hinchado, el aumento de la oferta ejerció aún mayor presión para corregir los valores. Sumitomo estaba en apuros, porque aún tenía mucho cobre acumulado, y no tenía opción, porque ni podía vender rápido, ni ponerse corto. Y mientras Hamanaka buscaba la forma de mitigar las pérdidas, la LME y la Comisión de Negociación de Futuros de Materias Primas de EEUU (CFTC) comenzaron a investigar la manipulación del mercado mundial de cobre. El conglomerado japonés reaccionó apartando a Hamanaka. Y en cuanto Mister Cobre desapareció... los bajistas atacaron y hundieron los precios. El cobre se desplomó, y Sumitomo anunció pérdidas por valor de 1.800 millones de dólares -aunque meses después reconoció que alcanzaron los 2.600 millones-.La compañía acusó a Hamanaka de deshonesto, y aseguraban que sus acciones eran completamente desconocidas para los directivos de la compañía. También le acusaron de falsificar la contabilidad durante 10 años para ocultar pérdidas multimillonarias. En aquel mes de junio, la compañía descubrió un depósito bancario sospechoso, y el inversor reconoció haberlo escondido. Fue declarado culpable, y condenado a 8 años de cárcel, aunque se libró de la acusación de manipulación del mercado.Pese al despido, la reputación de Sumitomo se vio empañada. Nadie se creía que ignoraban el control de Hamanaka sobre el mercado del cobre. La compañía recibió multas por valor de más de 150 millones de dólares por manipular el mercado. A su vez, demandó a Merrill Lynch, UBS, Credit Lyonnays y Morgan Stanley por ayudar a Hamanaka. Llegaron a acuerdos extrajudiciales por más de 400 millonas de dólares.Tras el escándalo, la LME introdujo nuevos mecanismos de control, para evitar un acaparamiento en el mercado similar al de Hamanaka. Es muy difícil que hoy un actor logre una manipulación a largo plazo como la de Mister Cobre.